Lo que decide es si la vida útil del producto aguanta el tránsito completo, incluidos los días en ambos terminales. Un congelado soporta semanas sin problema; muchos frescos no.
El equipo es el contenedor refrigerado, que se programa con cuatro parámetros: temperatura de consigna, ventilación, humedad y, cuando corresponde, atmósfera controlada. Los tres últimos dependen del producto, no del gusto del operador. Una ventilación mal programada en un fresco lo asfixia; la misma ventilación en un congelado deja entrar calor.
Lo que se subestima: las tomas de energía en los terminales y los días de espera. Un contenedor refrigerado que se descarga un viernes y no se retira hasta el lunes sigue consumiendo energía y generando cobros.
Para perecibles secos, el marítimo es la vía casi exclusiva, en contenedor seco. Acá lo que decide no es el equipo sino la preparación: inspección del contenedor, forro, protección del techo y desecantes. Un contenedor seco bien preparado protege mejor el café que cualquier alternativa más cara mal ejecutada.